Uno.

Lo vi pasar agetreado. Estaba consumido por la ira, llevaba los papeles blancos de la escuela desordenados y arrugados, iba hecho un mar de girones todo de él; su ropa, sus hojas y su cara. Sus ojos estaban desorientados, sudaba por todos lados, con el reverso de la manga de su traje barato se secaba de vez en cuando las gotas que caian por su rostro. Su boca hacia muecas; se retorcia de un lado para otro cada vez que daba un paso. Lo vi pasar con la mente hecha trizas y el corazón destrozado, sombrio y lúgubre, solo y con la soledad, el y nadie más que sus penas. Cuando lo vi desaparecer en la distancia supe que todos me miraban, que ese que iba en la otra calle era yo, solo yo.

Lluvia.

(…) Tan majestuosa es la lluvia, ella y sus intenciones megalómanas, ella y sus aguas y sus mugres, y su andar sonoro, ella en su todo con el aire y el ocaso. Lluvia, cae por todos lados, por todas direcciones, no deja nada para nadie y lo deja todo en todos .  Pero,  acaso es ella, ante su presencia ciega y mojada, la creadora de toda la belleza de la vida en la tierra inmunda, quizás, tal vez ella y solo ella tiene la fuerza para apartarnos del todo ruidoso de la vida de la avenida, de los carros y sus máquinas, y por fin llevarnos al silencio misterioso que hay mientras cae la lluvia;  en esa inconsciencia que hay en la presencia punzante como agujas de las gotas de lluvia.  (… )

Si no estuviste ahí.

Sé que estabas ahí cuando mis manos cayeron, lo sé. Siempre , desde la oscuridad de la noche, me consuela saber que estuviste ahí, cuando mis manos cansadas y doloridas cayeron hasta el aire seco que hay entre mi cadera y mis brazos. Pero … y si no hubieras estado ahí,  ¿ Qué hacer ? . Tal vez, desde la terraza de mi vida preguntarme “¿ Por qué ? “, pero no soy vidente de lo que va a ocurrir ;  las aves en las ventanas llegan de sorpresa y nunca las veo venir, y no sé que hubiera sucedido, pero sueño. Sabes, si no hubieras estado ahí , tal vez, hubiera temido de la noche y de la luna, perseguidora como siempre, acechante bestia  blanca del sueño mortal y hubiera continuado buscando en la gran vastedad del desierto de las calles en la madrugada cualquier droga para pensar que si estuviste ahí, cuando mis manos cayeron desde lo alto para encontrarse atadas al cuerpo y no haber podido alcanzar  la luna.

Mikhail.

¿ Qué pasa Mikhail ? ¿ Acaso de nuevo sientes el dolor recorrer tu cuerpo ? , ¿No ?, entonces    ¿ qué sucede ? , no te entiendo Mikhail, la ultima que  vez el dolor avanzaba por tu cuerpo casi hasta llevarte a la inconsciencia,  te retorcías en tu cama de los dolores que tenias. ¿ No lo recuerdas ? , ¡ es increíble ! , no puedo aceptar la idea que tu no lo recuerdes. La memoria te esta haciendo pasar malas pasadas, qué, ¿ ahora de nuevo sientes un dolor avanzar por entre tus dedos ?, rápido, llama al médico, de seguro el te ayudara, igual que la ultima vez.  ¿ No ? Pero si sientes dolor, deberías estar llamándolo ahora mismo. Recuerdo que el anterior episodio hizo estragos en todos. Debiste haber visto a tu madre, a tu padre, lo preocupados que estaban, no te importa ?, en verdad eres extraño Mikhail, qué, no tienes acaso miedo a la muerte ?, que templanza, qué frialdad tienes para decir ese “No” . Yo no tengo esa convicción en mis ideas, acaso recuerdas la ultima vez que estuve enfermo ?, cerré todas las ventanas, todas las puertas y me guardé durante horas y horas en mi habitación esperando a que la muerte no me encontrara o… que yo no la encontrara, da igual. Recuerdas que cuando la esposa del posadero me encontró dijo que me vio despeinado y con la vista perdida en el cuadro que hay frente de mi cama, no?, si, eso sucedió así. Ella dijo que sudaba tanto como mares y que tenia la vista fija en la distancia del mar de la pintura. Aun no se por qué pasó eso o por qué lo hice, pero creo que me dio miedo la muerte. Me espanta Mikhail, debo confesártelo  Qué sucede ahora, por qué gritaste, qué dices, qué el dolor es cada vez mas fuerte, no te preocupes  solo tienes que respirar normalmente, tratar de dejar pasar el dolor, así como lo hiciste la última vez. Por qué dices esas palabras tan feas, tus deseos de muerte son cada vez más convincentes, a veces, tengo que decirlo, me asustan. Por qué gritas cada vez más fuerte, no lo hagas, tienes que tratar de mantener la calma, la tranquilidad ante todo mi buen amigo. ¡ No  Mikhail, no digas eso !  Tu muerte causaría una gran impresión en mi, no podría reponerme, no quiero nada de lo que tienes, ni tus discos, ni tus libros, ¡ nada !, ¿ Por qué continuar ? Aún no lo sé muy bien, tal vez tu en tus momentos de soledad has encontrado algo que nosotros olvidamos siempre pero no es razón suficiente para dejar este mundo, ¡ el mundo el bello ! , ¿ Qué ? no puedo creer lo que dices, acaso tu te has cansado de ver todos los días,  pero… cómo es eso posible ?, qué, la vida esta sobrevalorada ? Haber, explícate… Veo, veo, no lo entiendo Mikhail, realmente piensas esas cosas ?. Si vives pensando eso es algo enfermizo, tienes que llamar al médico. ¡ Rápido !  No grites de nuevo, sé que el dolor esta avanzando, tienes un hilo rojo saliendo por tu nariz, llamemos al médico!, Acaso de veras quieres llegar hasta las ultimas consecuencias con este dolor , pero no lo entiendo, para qué , por qué , acaso no tienes deseos por ver el sol salir en la mañana, respirar el aire nuevo o leer algún nuevo librillo . Di algo . Tu silencio muestra vacilación, aun tengo esperanzas en ti. Cómo es eso que acabas de decir … ¿ el dolor no es más que una semilla que ha germinado desde tus adentros ? ¿ Qué clase de semilla puede hacer eso ?, es increíble  entonces todas esas palabras, esas letras y todo el conocimiento solo han hecho que dentro de ti esa semilla crezca hasta producir ese dolor sordo que ataca cada célula de tu cuerpo y que va a terminar contigo. Si ese es tu deseo  Mikhail no puedo hacer nada más. Querido amigo, enciérrate, coloca trabas a las puertas y a las ventanas y asegúrate de meterte en alguna cama grande donde puedas envolverte como una ostra en un caparazón de cobijas, mira, aquí  este, este cuadro tiene un mar pintado, lo voy a colocar frente a  tu cama, quédate viendo, tal vez esa ostra que se encierra sea de ese mar, esta bien, ruega a tus dioses  Mikhail para que ninguna mujer indecente te encuentre, enciérrate y espera a que la muerte no te encuentre. ¡ Vamos, date prisa !  No hay tiempo que perder, aun es de noche, el sol no sale sino hasta las seis de la mañana, si llega el y aun estas aquí; sobrevivirás, y por fin ese dolor desaparecerá  Es la primera vez que dices eso. Anda  Mikhail, haz lo que digo, cuídate soberano señor del dolor. Adiós.

Suena Beethoven, su concierto para violín. Las notas llegan a mis oídos como hilos, cada uno con un sonido diferente, con un sabor y una emoción, los hilos son conectores desde el instrumento, material existencial de la música,hasta  mi. Cada nota se cae en bajos  y se arrastra lentamente por entre los pies de los músicos, manchándolo todo, dejando pistas, huellas ;  ellas y sus manos, ellas y su tono, cifrado del ruido, de la armonía y del cáos. Símbolos mudos de la música se encierran sobre el papel, cada una de esas notas, es prisionera de ella misma, de su utilidad y del pentagrama. Las lineas son las carceleras de la vida. Los hilos suben y vibran, conectado a la música, a la asesina del silencio, de la nada. Que tan triste puede ser la nota, como una solitaria monja de claustro rezando a un dios misericordioso desde la tierra inmunda hacia los cielos fatigados, esperando ser tocada por el espíritu inmaterial de la felicidad. Aplausos, venias y vuelven a su cárcel.

A veces en la soledad de la madrugada, del chocolate caliente, del silencio de la calle y de la ausencia, me canso. A veces, aunque sea solo unos minutos, escribir-te- es cuestión de adicción, de pastilla vaporizada, de un porro para el alma y la mente. Y si, de nuevo me canso, y desearía que esta, la tuya, la mía, sea la misma noche, pero en vano deseo porque se que no lo es, y me canso de pensar-te- de escribir-te-, ahora solo necesito puros para dibujarte en el aire con humo blanco que salga de mi boca, esa que alguna vez tomas-te- . A veces necesito tiempo, tiempo, tiempo, tres veces uno, muchas veces infinito, para querer-te- , y luego se me cierran los ojos y pienso cuan magnifico es ver-te-nerte. A veces la soledad se me hace insoportable y me canso de estar cansado y aburrido, de aburrir-te- con ideas salidas de librillos amarillos y poetas que fenecieron hace tiempo, esos que, en las mismas noches, antes de las hojas escritas, -te- gustaban, por eso luego busco la compañía, pero, la soledad es mi eterna acompañante, y la gente habla, y no digo nada porque no me importan, ni me importas, y solo estoy yo, la cerveza, el olor a cigarrillo y la soledad, que aunque invisible, es insoportable, porque no dice palabra ni tampoco entiende. Luego, quiero irme caminando por ahí, y odiar al mundo, a todos, con sus sujetos y sus predicados, sus risas y sus vidas, sus amores y desamores, porque nada importa, ni nadie me importa, pero no, nada es para siempre, mi odio se disipa como el agua que la lluvia dejo al medio día y camino para llegar a mi casa, sentarme y escribir un poco, comer, callarme y de nuevo aprender, tratar de comprender-te-. Un día cualquiera, cuando el “a veces” lo permita, te diré algo como: “El sofisma más grande es la originalidad ” y no se cuanto me importa, pero es bastante, porque no quiero ser como cualquiera, ni tampoco como esos otros que la gente adora, que lee con amor y pronuncia al amante, ser nadie pero adorando algo único, no una imagen repetida ,  y no hay nada original y solo queda luchar para que  un día el porvenir sea rojo, igual que la sangre, y pueda sonreír sin pensar que tengo apuro de todo y de nada, de las letras y de entender. Entonces, cuando seamos libres de todo lo que hace del mundo algo horrible, tal vez me vaya para algún lado para escribir-te- y dormir mirando estrellas opacas en el cielo, aun con la soledad, con ella, invisible como siempre.

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La hoja.

Estaba en una esquina de la gran habitación, buscando una hoja que ahora, después de muchos años de estar perdida , debería ser amarilla. La buscaba a la luz de las velas, que pululaban y formaban sombras en las paredes enmohecidas. Aparecían garras y colmillos de bestias de un inframundo distante que solo el mismísimo Ades hubiera podido soñar,  sin embargo, él, aun perdido entre los montones de hojas traídas por el tiempo, o mejor, coleccionadas por el olvido, la casualidad y el desasosiego, permanecía impasible a lo que a sus espaldas sucedía con las sombras. La hojas blancas, amarillas y las que ya no existían se le escapaban por entre las manos, entre sus dedos; una tras una ,cada hoja nueva, redescubierta, era apartada de la mano cálida del creador para encontrarse con el frío lecho de hojas sueltas que se iban formando en el suelo polvoroso; un mar de hojas que subía con la marea de búsqueda.
Su rostro  albugíneo  se mimetizaba con  la oscuridad del exterior ; de su mundo.
Sus ojos. Eran sus ojos los que para el demonio, para aquel mefistófeles metamorfoseado en ratón, lo más importante, puesto que ellos llevaban las cadenas del mundo, de la realidad y de la irrealidad, de lo posible y de lo imposible, los custodios de la mente del Fausto;  de la imaginación desembocada y el equilibrio.
Cuando  encontró la hoja, gritó en el silencio  y sus ojos brillaron, la oscuridad pareció menos. Ahora que la iba a leer se acerco a la ventana, la abrió, el sol brilló en el horizonte, dibujando campanas, recuerdos, sonrisas, trabajadores, tierra pura, humanos puros. Sus ojos dejaron de brillar para que el sol los iluminara y abrazara. Soltó la hoja, ahora no la necesitaba, y luego miró por no poco tiempo, hasta que el sueño y la noche hizo de nuevo que las bestias inmateriales aparecieran, buscando al Fausto dormido en el alfeizar de la ventana.